¿Sabes? No soy demasiado complicada, un poco rara, pero tampoco nada del otro mundo. Soy de esas personas que se despiertan y odian hablar, que si me levanto pronto y no me tomo un café no soy yo, que me enfado y a los dos minutos ya se me pasa, que río sin ningún motivo, que me gusta hacer reír a las personas, que bailo en medio de la calle sin tener vergüenza ninguna, que le pongo apodos a las personas, que no puedo vivir sin mi familia. Puede que un día me veas llorando por los suelos, y al siguiente dando saltos de alegría en lo más alto. Por las mañanas puedo ser la más odiosa que conozcas, y por las tardes la más encantadora. Mis sonrisas te pueden embobar, pero tengo miradas que espántan. Habrá días que estaré 24 horas contigo, abrazándote, agobiándote, haciéndote reír. Otros, sin embargo, notarás que no estoy aquí, que nada me incumbe y nadie tiene que ver conmigo, esos días te aconsejo que no te esfuerces ni en tocarme. Con el tiempo verás que no soy de extremos, que conmigo no todo es blanco o negro, el gris también existe para mí. También te darás cuenta de que me doy entera a todo, que las cosas, cuando decido hacerlas, las hago dando todo de mí, dejando en ellas sudor y lágrimas. Admito que soy de las que dije "lo haré mañana", "acabo en un segundo", "luego te llamo" y jamás lo cumplí. Después de darte cuenta de todo eso, sabrás si eres un poco astuto, que cualquier día a cualquier hora, me puedo ir de tu vida tal y como llegué, sin esperarlo, con fuerza y de repente. Para ese día ya habrás descubierto que es inevitable cogerme cariño. Pero no te preocupes, cuando me vaya me conocerás lo suficiente y sabrás qué hacer para que vuelva, sino lo sabes todavía...
... me ahogan mis lágrimas mudas **
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