viernes, 11 de octubre de 2013

En mi corazón...

Recuerdo el teléfono sonar. Aquella llamada. Minutos después y sin más explicación que la de un llanto incontrolado, comencé el camino con la única compañía de mi sombra, aquella me hacia sentir más pequeña que de constumbre. Quería creer que se trataba de una pesadilla de la cual no podía despertar. Aquella escena me resultaba violenta. Salí de aquel sitio como pude, comenzando a admitir la realidad. Ya no estabas. Los días no se me hacían fáciles, sólo quería volver a abrazarte. No tuve tiempo de despedirme. No sabía que te irías sin avisar. A pesar de la distancia que nos separa, no hay un día que no me acuerde de tí, de tu mirada, de tu risa y de tu reclamo de besos. Porque te echo de menos, más que al respirar, en cada alegría, en cada anécdota, en mi sueño y en mi realidad.

Estabas de una manera tan especial, que al no estar, aún estás más.

Te mando todo mi amor (allí donde estés)...

domingo, 11 de noviembre de 2012

A Mi Estrella...

Te echo de menos, mas de lo que te puedas llegar a imaginar, porque siempre estabas ahí cuando se me caía todo encima, gracias por defenderme, gracias por ayudarme a ser quien soy,  porque aunque creas que no, no deja de doler, pero cuando recuerdo todos esos días que estuviste conmigo solo puedo sonreír, aunque de vez en cuando caiga alguna que otra lagrimilla. A veces creo que solo por haber compartido contigo esos momentos, soy mejor persona, porque a tu lado aprendí a sonreír siempre y a saber que a veces en la vida no siempre es todo como soñamos. Me has enseñado a ser fuerte, a saber aprender de los errores, y a disfrutar de las pequeñas cosas. Y aunque a veces me cueste mirar hacia delante, se que tu me das el valor para seguir caminando, para seguir sonriendo, para ser feliz. Yo lo se, estés donde estés, porque eres mi ángel... o una de esas estrellas que se iluminan cada vez que miro el cielo, y me acuerdo de ti. Solo por recordarte la verdad, no se si debo estar mejor o peor porque ya no volverás... Aunque siempre estarás dentro de mi.  Siempre amamos lo que perdemos.

sábado, 31 de marzo de 2012

Espacio vacío ...

Era una luna perdida, esa luna cuyo planeta había resultado destruído, y que, sin embargo, había ignorado las leyes de la gravedad para seguir orbitando alrededor del espacio vacío que había quedado tras el desastre. Había roto mis propias reglas. Me había acercado a los recuerdos, había ido a su encuentro, en vez de rehuirlos. Me sentía demasiado viva, y eso me asustaba. Pero la emoción más fuerte que estos momentos recorría mi cuerpo era el alivio, un alivio que surgía de lo más profundo de mi ser. A pesar de lo mucho que pugnaba por no pensar en él, sin embargo, tampoco intentaba olvidarle. De noche, a última hora, cuando el agotamiento por la falta de sueño derribaba mis defensas, me preocupaba el hecho de que todo pareciera estar desvaneciéndose, que mi mente fuera al final un colador incapaz de recordar el tono exacto del color de sus ojos, la sensación de su piel o la textura de su voz. No podía pensar en todo esto, pero debía recordarlo. Porque el tiempo pasa, incluso aunque parezca imposible, incluso a pesar de que cada movimiento de las manecillas del reloj duelan como el latido de la sangre al palpitar detrás de un cardenal. El tiempo transcurre de forma desigual, con saltos extraños y treguas insoportables, pero pasa, pasa... aunque no quiera reconocerlo... incluso para mí. Y quizás algún día, dentro de un tiempo, si el dolor disminuye hasta el punto de ser soportable, me sentiré capaz de volver la vista atrás sin miedo, hacia esos meses que siempre consideraré los mejores de mi vida. Y ese día, estoy segura de que me sentiré agradecida por todo aquel tiempo que me había dado, más de lo que yo había pedido y más de lo que merecía. Porque acostumbraba a pensar en ti de ese modo, ya sabes, como el sol, mi propio sol. Y tu luz compensaba sobradamente mis sombras. A fin de cuentas, cuando la vida te ofrece un sueño que supera con creces cualquiera de tus expectativas, no es razonable lamentarse de su conclusión.


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martes, 28 de febrero de 2012

Así estoy yo ...

No tengo muy claro que coño le pasa a mi corazón que no deja de latir con fuerza cada vez que pienso en tí. ¿Qué me has dado para que quiera seguirte hasta los límites de la realidad? Solo hay una cosa que si tengo clara, y es que por mucho que lo intente no puedo olvidarte, por mucho que me duela.
 ¿Y sabes qué? Que a veces me das igual, pero hay otras que te echo de menos, que estás en mi mente constantemente, que te sueño y te imagino a mi lado, y yo te observo, y me das paz, y ésta es la única manera de llenar ése vacío que me has dejado... Pero con tu forma de ser, al final conseguirás que te odie, aunque a día de hoy siento decirte que me es imposible. Y hoy es uno de esos días en los que te da por pensar en todo, en los que sientes una extraña nostalgia. Por mucho que lo pienses, no sabes muy bien por qué te sientes así... Quién sabe. La verdad es que ahora mismo me gustaría poder sacar de nuevo esa sonrisa que siempre es característica en mí, pero ya no me sale tan fácilmente... No se me ocurren cosas para hacer reír y cuando también intento pensar en los buenos momentos, se me pone un nudo en la garganta. Cada lágrima que cae de mis ojos es una pequeña parte de mi tristeza y de lo que de verdad siento por dentro. He intentado que no se me note, pero he llegado a un punto en el que es imposible ocultarlo. Porque cada cosa que veo, que escucho, que siento... me recuerda a tí. Pero es un sentimiento que no se puede evitar, que cuando llega a lo más profundo de tu corazón permanece ahí toda la vida aunque a veces se esconda, pero siempre, SIEMPRE acaba apareciendo de nuevo...



"Porque el amor cuando no muere mata,
porque amores que matan nunca mueren"
                                                  

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martes, 14 de febrero de 2012

14/02/2012

Amor. La palabra de San Valentín. La palabra de este día que acaba de empezar. Amor. Tu segundo nombre. Estoy sentado a la mesa de la cocina. A buen seguro, tú estarás durmiendo. Es de noche. Mañana te dejaré esta carta bajo la puerta. Te imagino mientras sales de casa todavía medio dormida y la ves. Tus preciosos ojos se iluminan. Te agachas, la coges y la abres. Y empiezas a leerla. Y, espero, a sonreír. Una carta, una pequeña carta que trata de contener una gran historia, la nuestra. Mi agradecimiento por el modo en que haces que me sienta. No creo que dos folios sean suficientes, pero aun así lo intentaré. Porque no puedo evitarlo. Dicen que no se puede hablar de amor, sino sólo vivirlo. Es cierto. Yo también lo creo así. Si conozco el amor es únicamente porque tú me lo has hecho vivir y respirar. Lo he aprendido contigo. Aunque después he entendido que, en realidad, no se aprende nada.
Se vive y basta, juntos, cercanos y cómplices. El amor eres tú. El amor soy yo cuando estoy contigo. Feliz. En medio de la pista de esa pequeña discoteca. Bailabas, te movías suavemente junto a tu amiga. Llevabas un vestidito color ocre que dibujaba tu silueta. El pelo oscuro, rizado y suelto sobre los hombros. Seguías el ritmo con los ojos cerrados. Te vi y de golpe no pude dejar de mirarte. Me precipité a la barra del bar, pedí dos bebidas, me deslicé entre la gente con los vasos en alto para que nadie pudiese darles un golpe, y me acerqué a ti de espaldas mientras bailabas. Tu amiga se dio cuenta, te hizo un gesto con la barbilla y tú te volviste. De cerca eras aún más guapa. Te sonreí y te ofrecí uno de los vasos. Al principio pusiste cara seria, hiciste una especie de mueca, pero luego me sonreíste. Aceptaste el vaso y bridamos, dos desconocidos en medio de una pista de baile. Después hablamos. No sólo eras guapa, también simpática. A medida que te he ido conociendo he ido descubriendo tus mil cualidades. Soy un hombre afortunado. Mucho. Y cuando pienso en todo lo que hemos hecho juntos sonrío de felicidad. Nuestras vacaciones, los paseos hasta altas horas de la noche en los que jamás nos aburríamos, siempre teníamos mil cosas que decirnos y que contarnos. Después nos besábamos de repetente y sentía la suavidad de tus labios apenas cubiertos de ese brillo con sabor a fruta que tanto te gusta. Las cenas, nuestas sesiones de cine, aquel día que nos empapamos bajo la lluvia, hacer el amor en ese parque a riesgo de ser descubiertos. Y reír. Cualquier noche, incluso la más sencilla, resulta especial contigo. No hace falta nada. Poco importa dónde estemos, a mí me parece siempre una fiesta. E incluso cuando reñimos, a decir verdad, en el fondo me diviertes. Porque dura poco y después hacemos siempre las paces. 
Tengo mil recuerdos espléndidos de ti. A medida que pasa el tiempo me enamoro más y más de ti. Más de lo que creía posible. Te quiero cuando sonríes. Te quiero cuando te conmueves. Te quiero mientras comes. Te quiero el lunes por la mañana, mientras sigues somnolienta. Te quiero cuando cantas a voz en grito. Te quiero cuando nos despertamos juntos por la mañana y no encuentras las zapatillas para ir al baño. Te quiero bajo la ducha. Te quiero en la playa. Te quiero por la noche. Te quiero al atardecer. Te quiero a mediodía. Te quiero ahora mientras lees mi carta, mi felicitación de San Valentín...



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domingo, 15 de enero de 2012

T-U, Y-O ...

- Yo te prometo un para siempre, ¿Tú me lo prometes?
- Eso es demasiado tiempo, todo se puede torcer y podemos acabar odiándonos.
- Bueno, aunque te odie, si me necesitas, iré.
- No lo creo. Si me odias no me querrás ver.
- Pues cierro los ojos.
- No me querrás oír.
- Pues no te dejaré hablar.
- ¿Entonces?
- Te abrazaré y te diré: ¿te acuerdas de aquella tarde que te prometí un para siempre? 
  Lo decía en serio.




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