martes, 28 de febrero de 2012

Así estoy yo ...

No tengo muy claro que coño le pasa a mi corazón que no deja de latir con fuerza cada vez que pienso en tí. ¿Qué me has dado para que quiera seguirte hasta los límites de la realidad? Solo hay una cosa que si tengo clara, y es que por mucho que lo intente no puedo olvidarte, por mucho que me duela.
 ¿Y sabes qué? Que a veces me das igual, pero hay otras que te echo de menos, que estás en mi mente constantemente, que te sueño y te imagino a mi lado, y yo te observo, y me das paz, y ésta es la única manera de llenar ése vacío que me has dejado... Pero con tu forma de ser, al final conseguirás que te odie, aunque a día de hoy siento decirte que me es imposible. Y hoy es uno de esos días en los que te da por pensar en todo, en los que sientes una extraña nostalgia. Por mucho que lo pienses, no sabes muy bien por qué te sientes así... Quién sabe. La verdad es que ahora mismo me gustaría poder sacar de nuevo esa sonrisa que siempre es característica en mí, pero ya no me sale tan fácilmente... No se me ocurren cosas para hacer reír y cuando también intento pensar en los buenos momentos, se me pone un nudo en la garganta. Cada lágrima que cae de mis ojos es una pequeña parte de mi tristeza y de lo que de verdad siento por dentro. He intentado que no se me note, pero he llegado a un punto en el que es imposible ocultarlo. Porque cada cosa que veo, que escucho, que siento... me recuerda a tí. Pero es un sentimiento que no se puede evitar, que cuando llega a lo más profundo de tu corazón permanece ahí toda la vida aunque a veces se esconda, pero siempre, SIEMPRE acaba apareciendo de nuevo...



"Porque el amor cuando no muere mata,
porque amores que matan nunca mueren"
                                                  

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martes, 14 de febrero de 2012

14/02/2012

Amor. La palabra de San Valentín. La palabra de este día que acaba de empezar. Amor. Tu segundo nombre. Estoy sentado a la mesa de la cocina. A buen seguro, tú estarás durmiendo. Es de noche. Mañana te dejaré esta carta bajo la puerta. Te imagino mientras sales de casa todavía medio dormida y la ves. Tus preciosos ojos se iluminan. Te agachas, la coges y la abres. Y empiezas a leerla. Y, espero, a sonreír. Una carta, una pequeña carta que trata de contener una gran historia, la nuestra. Mi agradecimiento por el modo en que haces que me sienta. No creo que dos folios sean suficientes, pero aun así lo intentaré. Porque no puedo evitarlo. Dicen que no se puede hablar de amor, sino sólo vivirlo. Es cierto. Yo también lo creo así. Si conozco el amor es únicamente porque tú me lo has hecho vivir y respirar. Lo he aprendido contigo. Aunque después he entendido que, en realidad, no se aprende nada.
Se vive y basta, juntos, cercanos y cómplices. El amor eres tú. El amor soy yo cuando estoy contigo. Feliz. En medio de la pista de esa pequeña discoteca. Bailabas, te movías suavemente junto a tu amiga. Llevabas un vestidito color ocre que dibujaba tu silueta. El pelo oscuro, rizado y suelto sobre los hombros. Seguías el ritmo con los ojos cerrados. Te vi y de golpe no pude dejar de mirarte. Me precipité a la barra del bar, pedí dos bebidas, me deslicé entre la gente con los vasos en alto para que nadie pudiese darles un golpe, y me acerqué a ti de espaldas mientras bailabas. Tu amiga se dio cuenta, te hizo un gesto con la barbilla y tú te volviste. De cerca eras aún más guapa. Te sonreí y te ofrecí uno de los vasos. Al principio pusiste cara seria, hiciste una especie de mueca, pero luego me sonreíste. Aceptaste el vaso y bridamos, dos desconocidos en medio de una pista de baile. Después hablamos. No sólo eras guapa, también simpática. A medida que te he ido conociendo he ido descubriendo tus mil cualidades. Soy un hombre afortunado. Mucho. Y cuando pienso en todo lo que hemos hecho juntos sonrío de felicidad. Nuestras vacaciones, los paseos hasta altas horas de la noche en los que jamás nos aburríamos, siempre teníamos mil cosas que decirnos y que contarnos. Después nos besábamos de repetente y sentía la suavidad de tus labios apenas cubiertos de ese brillo con sabor a fruta que tanto te gusta. Las cenas, nuestas sesiones de cine, aquel día que nos empapamos bajo la lluvia, hacer el amor en ese parque a riesgo de ser descubiertos. Y reír. Cualquier noche, incluso la más sencilla, resulta especial contigo. No hace falta nada. Poco importa dónde estemos, a mí me parece siempre una fiesta. E incluso cuando reñimos, a decir verdad, en el fondo me diviertes. Porque dura poco y después hacemos siempre las paces. 
Tengo mil recuerdos espléndidos de ti. A medida que pasa el tiempo me enamoro más y más de ti. Más de lo que creía posible. Te quiero cuando sonríes. Te quiero cuando te conmueves. Te quiero mientras comes. Te quiero el lunes por la mañana, mientras sigues somnolienta. Te quiero cuando cantas a voz en grito. Te quiero cuando nos despertamos juntos por la mañana y no encuentras las zapatillas para ir al baño. Te quiero bajo la ducha. Te quiero en la playa. Te quiero por la noche. Te quiero al atardecer. Te quiero a mediodía. Te quiero ahora mientras lees mi carta, mi felicitación de San Valentín...



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